A la Maresca (o transformar la existencia en arte)

Para mí, al igual, supongo, que para la mayoría de los sevillistas, el apellido Maresca va asociado de manera inevitable al nombre de Enzo. Enzo Maresca fue un jugador italiano que jugó cuatro años en el Sevilla Fútbol Club y que todos recordamos por un gol contra el Madrid que poco tiene que envidiar al de Zidane en la final de Glasgow, por su relación con Antonio Puerta (tan presente siempre en el Ramón Sánchez Pizjuán aunque lo viésemos desplomarse en directo en una de las áreas de nuestro estadio) y, sobre todo, por sus dos goles en la final de Eindhoven de 2006, aquélla en la que ganamos la copa de la UEFA que, como leí en algún titular del día posterior, nos cambió la vida. Esto último quizá pueda parecer algo exagerado para los que no son demasiado aficionados al fútbol o para los seguidores de equipos más acostumbrados a esta clase de citas, pero lo cierto es que por más que los éxitos del Sevilla se hayan sucedido desde entonces y, a nivel personal, trece años sean suficientes para que se den muchos momentos intensos, tengo que reconocer que pocas veces he sentido una alegría más despojada de todo lo demás que la de aquel 10 de mayo.

Me acuerdo de Maresca porque esta tarde, en el club de lectura Casa de Fieras, hemos hablado de un libro de María Gainza. Al llegar a casa y echar un vistazo a las notas que he tomado me he encontrado con esta anotación: “a la Maresca –> transformar la existencia en arte”. Liliana Maresca, según la historiadora del Arte Victoria Noorthoorn, fue una polisémica artista argentina catalizadora de la escena artística y cultural de los años que sucedieron a la dictadura militar. Para nuestra autora, para Gainza, algo menos académica, Liliana Maresca estaba decidida a comerse el universo como si fuera una ostra. Aunque durante aquella final de 2006 (y quizá en varias más de las que vinieron después, también en muchos otros partidos menos trascendentes) llegase a agarrar el momento (eso creo recordar que significa realmente carpe diem), no voy a negar que hay encuentros (sobre todo durante esta última temporada, mejor olvidar las recientes visitas a Huesca y Gerona) en los que me planteo qué sentido tiene todo esto: quizá no debería afectarme tanto algo que no depende de mí en modo alguno y que, en mi caso, ni siquiera he elegido de manera consciente (nadie se explica por qué, desde muy pequeño, soy del Sevilla).

Busco algo más de información acerca de Liliana Maresca y doy con un artículo en el que Úrsula Ochoa afirma: Liliana Maresca reflexionó sobre las relaciones entre humanos y la interacción con los objetos tanto como con algunas preguntas trascendentales, aunque no buscó precisamente una indivisible verdad. Ella quiso siempre vivir y experimentar. Quizás, hay entonces una forma de hacer las cosas “a la Maresca”. Caigo en la cuenta de que este año he visto demasiados partidos en casa: vivamos o no los sevillistas muchos más días como el de los dos goles de Maresca, tendría que pasarme más a menudo por Ciudad Lineal; estoy seguro de que entre mis amigos de Sevillismo en Madrid me será más sencillo olvidarme de tanta teoría, de experimentar y sentir sin tabúes.

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