El Jardín en la oficina

A little touch of kindness – for a start
A little bit of sweetness – it won’t tear you apart
You’ll be there in the minute – you believe me
You’ll be exactly where you want to be
With a little touch of kindness

Finales de enero de 2018. Irene, Raquel y yo estamos en la Sala Galileo; nos hemos conocido unos tres meses atrás y Elliott Murphy y Olivier Durand están interpretando A Touch Of Kindness: una canción que a mí siempre me hace pensar en mi abuela Leonor, cuando decía que amable era su palabra preferida. Esta vez, la letra de la canción (puede que éste no sea el texto más complejo de Murphy, pero me gusta la melodía y creo que en directo es de las que mejor funciona) no solo me hace recordar con cariño a mi abuela paterna, también hace que retroceda a noviembre de 2017, al día en que Irene, Raquel y yo nos conocimos en el vestíbulo de un edificio de oficinas que entonces era para nosotros un territorio desconocido. Se me escapa una sonrisa al recordar lo que a Raquel, tan epicúrea, le costó decidirse ya algunos días más tarde a crear un grupo de WhatsApp que desde entonces se llama SAP sin spam; nos advierte Epicuro del riesgo de otorgar nuestra amistad, del posible precio a pagar: para el filósofo de Samos, ésta no se debe dar de manera precipitada ni cuando hay dudas.

El Jardín de Epicuro, tan alejado del Liceo y la Academia, era más bien un huerto en el que convivir y tener charlas para alcanzar una vida cercana a la tranquilidad y, por qué no, a la felicidad. De la misma manera que para Tales el principio fundamental (arché) del universo es el agua y para Heráclito lo es el fuego, para Epicuro (quien, al igual que mi abuela Leonor y Elliott Murphy, da una importancia capital a la amabilidad) el placer (entendido éste como ausencia de dolor en cuerpo y alma) es principio (y además fin, télos) de la vida feliz. Irene, Raquel y yo comemos juntos casi a diario, hemos disfrutado de placeres sencillos como tomar el vermut o ver una obra de teatro. Pasando tiempo con ellas es fácil dar la razón a Epicuro cuando habla de la amistad como una de las pocas cosas que están por encima de la calma de uno mismo derivada del uso racional de los placeres naturales: vale la pena sacrificar nuestra propia estabilidad por ayudar a un amigo.

La canción de Elliott Murphy alude también a un juego del que no se sabe muy bien cuáles son las reglas ni si el vencedor gana algo en realidad. En la filosofía epicúrea no caben dioses que se preocupen por lo que hacemos, tampoco recompensas en el más allá; la verdadera amistad poco tiene que ver con una balanza en la que evaluamos si lo que nos aporta una relación en tal momento pesa más o menos que los esfuerzos que nos requiere mantenerla. El concierto va a acabar. Murphy repite una vez más el estribillo de A Touch Of Kindness, me vuelvo a acordar de mi abuela fallecida. Y le doy las gracias por haberme hecho ser amable el primer día en la oficina, por, como dice la canción, poder estar ahora exactamente donde quiero estar.

De los bienes que la sabiduría procura para la felicidad de una vida entera, el mayor con mucho es la adquisición de la amistad.

Epicuro, Máxima Capital 27

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